
MINISTERIO DE CATASTRO DE JUNÍN, IMPASIBLES ANTE LA ADVERSIDAD. TODO UN EJEMPLO.
Luego de tan perverso acto de desamparo institucional amparado en obtusas leyes proteccionistas de las que nunca faltan ni sobran, mucho menos alcanzan y a veces si acaso llegan a un empate arañado yendo a penales en el alargue y con definición legislativamente incierta y arbitraje apenas correcto (al decir de Ante Garmaz, que quede claro), me retiré con los debidos honores del palacio judicial de marras agradeciendo efusivamente al juez Don Salomón Indulgencio con sendos, varios y desinhibidos besos en el cogote mientras le estrujaba cariñosamente la peluca empolvada y la hinchada del barrio que me había acompañado coreaba frenéticamente - "¡Habeas Corpus!", "¡Habeas Corpus!", "¡Habeas Corpus!"... todo esto mientras las fuerzas de seguridad lanzaban balas de goma (quedaron en confirmarme si la goma era Eva o Adán, me llega carta documento en estos días y les cuento) y unos gases del recuerdo que hacían que todos los televidentes que asistían al juicio de marras recordaran el final de la telenovela Rolando Rivas Taxista y lloraran a moco tendido, yo creo que evidentemente esos eran los honores con los que las fuerzas de seguridad despedían mi paso por el sistema judicial a pura alegría y festichola, no quiero pensar que tales acciones ocurrían por los alborotos que mi hinchada causaba en el local judicio-legislativo, no creo sinceramente que se enojaran tanto por un par de cantitos alusivos y alguna que otra macana (esconderle el martillito ese al juez estuvo de más, chicos, eso sí).

LA HINCHADA, QUE ME ACOMPAÑÓ EN TAN DURO TRANCE, SALUDANDO EL INGRESO DEL TESTIGO PADILLA ARTEMIO (H) EL CUAL, ALCANZADO POR TRES BENGALAS EN PLENO ESTERNÓN, NO LLEGÓ A DECLARAR NUNCA. ¡GRACIAS, ARTEMIO!, SIEMPRE TE RECORDAREMOS. SON COSAS DEL FULBO...
Detalles de color al márgen, quiero contarles que las autoridades Pertinentes me solicitaron autorización para transcribir trozos de las declaraciones volcadas durante el proceso y guardarlas en los anales de la bibliografía judeo-legislativa, en parte porque aún no pueden creer muchas cosas, en parte porque no saben si hicieron bien en largarme y en parte porque hay muchas cosas que aún no entienden ni de casualidad. Esto debe de ser en parte porque (en parte me había olvidado de contarles y en parte no, pero esta que no no la recordaba, en parte) yo misma asumí mi propia defensa de mi caso y de mi persona siendo mi propia abogada, mi propia acusada y mi propia defendida. Recuerdo que cuando se lo comuniqué al juez casualmente le dio un soponcio y nos encajó un cuarto intermedio de quince días teniendo que reponerse en una Clínica de Paz, Amor y Calma Chicha del Oeste de Bernal luego de cual volvió al ruedo renovado, calmo y con un olorcito a jazmín que estaba rechurro. Se lo dije, recuerdo, y así empezó mi defensa.
- Buenas tardes, respondió él, quiero decirle usted no puede ser imparcial por definición, que mi aroma no es a jazmín sino a lavanda, que no uso ni usaré sunga por cuestiones religiosas, y que yo soy el que dice lo que consta en actas, no usted.
- ¡Ahí está, Don Salomón, ahí está!, respondí entusiasmada, ¡mantengame en alto esos fueros caramba!... ¡esa es la toga que necesitamos!... ¡Aguante Lomón, nomás!, ¿le puedo decir Lomón, no?
A todo esto, la hinchada, estimulada por mi fulgurante apertura de declaraciones y creyendo que ya teníamos medio juicio adentro, arrancó con un - "¡Salo, Salo, Salo... fuero, fuero, fuero!"... pero parece que mucho no gustó porque los hicieron callar, siendo que (luego se comprobó telebeam mediante) ni siquiera estaban en orsai. Una barbaridad de abuso de autoridad que sólo dejamos pasar por estar cerca el Dia de la Madre, como todos sabemos.

- Prosiga, dijo después haciéndose el serio.

- Sí, señor Lomón, desligo por completo mi accionar desagotador y solidario con el hecho del derrumbe del muro de Berlín. Es incoherente que se me acuse de eso cuando ni siquiera fotos de Berlín tengo. ¿Usted tiene?
- Ehhh... supongo que sí...
- Mire, eso lo convierte automáticamente en sospechoso, pero dejemoslo ahí, yo no soy botona y ya le dije que usted me cae bien.Dicho lo cual me di media vuelta y alcé los brazos a mi hinchada que se enfervorizó cantando - "¡Ooolele, ooolala, el juez es sospechooso, Mosqueta se la da!"... Luego de hacer callar a la tribuna y con notable nerviosismo, se calzó unas gafas con las que daba muy George Clooney en Gladiator y se puso a leer las acusaciones.
Yo, lo que es yo, luego de unos segundos de silencio para hacerme la interesante le dije.
Sin embargo Don Salomón, haciendo gala de su experiencia judicial y extramatrimonial, pareció darse cuenta de que lo mío era una extremadamente hábil estrategia de defensa y prosiguió impertérrito.
- No ha lugar.- Si no hay lugar espero afuera, le dije.
- ¡No ha lugar al pedido, señorita!
- Ayyy... vuelvame a decir "señorita" así...
- Prosiga con su alegato, por favor.
- Señorita, la figura de "estado de paspadura violenta" no existe en nuestra legislación.
- Así estamos, señor juez, así estamos.- Le repito por última vez, usted está acusada de instigación al suicidio. ¿De qué muro de Berlín me está hablando?
- ¡¡¡Basta con lo del dichoso muro!!!, se exasperó Lomón, por supuesto que no fue usted quien derribó ese muro.
- ¡Ahahá!, lo agarré, ¿ve que algo sabe usted?... Si tiene tan en claro que no fui yo es porque sabe quién fue. Creo que debería confesar y tratar de que le bajen la pena por colaborar con la justicia.
En este punto, creyendo que estábamos en un climax interesante del juicio, la hinchada prorrumpió en un - "¡Mosqueta, compadre, el juez está que arde!... Ahí fue cuando Lomón se confundió, creo que un poco por el nerviosismo legal que todo juicio le embarga, y en vez de golpear el escritorio con el martillito agarró y se los revoleó a la hinchada, en un claro intento de agresión que los buenos de la hinchada no respondieron más que con amor, puesto que ahí mismo entonaron un - "¡Lomooón, Lomooón... qué churro sos!", demostrando claramente que no responderían agresiones con agresiones, aunque también (justo es aclararlo) se escuchó un - "¡Ehhh... el bueno de Clooney no hubiese hecho eso!..."

Y bueno, un poco por ese estrépito agresivo extrajudicial y un poco, creo yo, por mi brillante defensa sin parangón ni precedentes, el juicio llegó rapidamente a las postrimerías cuando luego de que la gente de la ambulancia convocada para reanimar al bueno de Lomón después de su tercer pico de presión de 24/19 leyera, desde la camilla y segundos antes de ingersar a la ambulancia, el epílogo final del estofado.
Y a la final la cuestión fue que el bueno de Lomón se me escapó semi infartado a bordo de la ambulancia sin que llegara a sacarle el teléfono... Perra vida esta, ché, perra vida...